Sólo quien sueña aprende a volar… con Perceval Graells

Perceval Graells te recibe con una sonrisa clara, sincera y, al principio, pero sólo al principio, algo tímida.

Pero Perceval Graells también te sonríe, y esto es más especial si cabe, con la mirada. Una mirada con un brillo constante, inteligente y que desborda curiosidad. Una curiosidad que haría parada en cualquier universo posible; la arqueología, la cultura oriental, el agujero negro central de la Vía Láctea o un nuevo curso de cerámica…

Ávida de conocimiento Perceval Graells ha viajado y lo sigue haciendo en busca de esa sabiduría universal, casi ancestral, que le haga crecer cada día tanto a nivel personal como pictórico.

Pero Perceval Graells ya es grande y para verlo sólo hay que ponerse frente a alguna de sus obras para que su luz y su energía nos golpeen de lleno.

Manchas, gestos, trazos cargados de sensibilidad.

Ritmo, cadencia, equilibrio que impactan en la retina y se te meten dentro.

Con sus obras, a lo Peter Pan y Wendy, te lleva de la mano a sobrevolar todo lo que ella es. Porque si algo es su pintura, es simplemente, y afortunadamente, Perceval Graells.

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Actualmente estás exponiendo en Aigües, en la Galería “Art casa azul” junto con el escultor Hans Some y no es la primera vez que exponéis juntos, ¿cuál es la afinidad  que tenéis que hace que armonice escultura y pintura?

Hans Some y yo nos conocimos en un evento expositivo hace ya unos cuantos años y con el paso del tiempo fuimos viendo que nuestras piezas podían dialogar bastante bien juntas porque ambas tienen ritmo y gesto. Son abstractas y asimétricas.

El paso de la pintura realista a la abstracta requiere de una libertad y seguridad difícil de conseguir, ¿cuándo empiezas a sentirte libre de la pintura realista para dar el salto al gesto libre de la abstracción?

Yo venía de la pintura academicista y me gustaba mucho ponerme a dibujar cualquier objeto que viese pero cuando entraba a los museos y veía obras de Antoni Tàpies, Franz Kline… cada vez me atraían más y quería llegar a hacer algo así, que sin ser figurativo transmitiese tanto. Así que me puse a ello. Al principio no fue fácil romper con todo lo que había aprendido y me salía un trazo muy recto y pensado.

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¿De dónde le sale a Perceval Graells ese gesto pictórico necesario para la abstracción?, ¿es algo mecánico?, ¿es más intuitivo?, ¿es ambas cosas?

Sale de las ganas de expresar y con el tiempo ha llegado a ser más intuitivo. Me dejo llevar por lo que voy sintiendo y pensando. Los colores dependen de cómo me encuentre ese día. Es verdad que hay veces que se queda una imagen grabada en la retina y quieres pintarla pero se va moldeando. No me gusta pintar de bocetos porque en este tipo de pintura no se puede trasladar la inmediatez del trazo de un papel a un lienzo. Pierde la magia. Por eso prefiero probar directamente en el lienzo y si no me gusta lo que sale tirarlo.

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El año que viene muestras uno de tus últimos proyectos, “Timing”, comisariado por Lucía Romero Segura, en el instituto Juan Gil Albert. Se trata de la unión de unas obras que realizaste en EEUU en 2016 después de encontrar un álbum antiguo de fotografías y 365 obras en formato pequeño que realizaste a lo largo del año 2018. Una obra cada día. ¿Cuál ha sido la dificultad que has encontrado al tener que empezar y acabar una obra cada día?, ¿qué sensación te queda de esa experiencia?

Dificultad ninguna pero sí que es verdad que algún día se me olvidaba hacer la obra durante el día y cuando me metía en la cama me daba cuenta que aún tenía que pintarla. Entonces me daba un poco de pereza pero esos días han sido cuatro o cinco. El resto de días lo hacía en un momento que tenía inspiración y tiempo. La sensación que me ha quedado de esta experiencia es que me ha llevado a utilizar recursos o materiales que de otra forma no hubiera utilizado. Obligarme a hacer una obra cada día ha trasladado muchas cosas personales al papel y eso es algo que luego he echado de menos.

Hay un texto en el que dices “El lienzo es el diario del artista”, ¿podríamos hablar de las Memorias de una artista viendo su obra?

En mi caso sí pero creo que en muchos otros artistas también. Las obras que realizo son totalmente mi diario. La gente que sabe mirar se da cuenta de ello rápidamente. Sin conocerme puede saber si he sufrido o si, por el contrario, estoy pasando por un momento más feliz, pero si encima me conoce puede relacionar detalles de mi vida personal con la pintura.

En un diario se escriben experiencias y sentimientos vividos, ¿pinta Perceval Graells desde la emoción? Se ven cambios en la paleta de colores anteriormente tonalidades más cálidas y actualmente con tendencias hacia el negro, grises y rojos ¿podríamos interpretar que son cambios en tu estado emocional?

Está estudiado que los colores tienen mucho que ver con las emociones pero también con la cultura en la que nos hemos criado. He tenido épocas de pintar más con colores tierra y diría que era mi época más de mirar hacia dentro, con más temor, otras épocas más de utilizar más azules dónde me sentía más nostálgica tal vez y épocas en las que los colores que aparecen en mis lienzos son colores más explosivos como queriendo expresar mi interior. Y además de las épocas hay días. Todo depende de mi estado de ánimo pero en todos ellos pueden salir cosas maravillosas.

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“La fragilidad de la vida”

Entonces, ¿es terapéutico para Perceval Graells pintar?

Claro que es terapéutico. Pintar o crear me da esos momentos de felicidad que necesito para seguir viva, para ilusionarme, para soñar. El arte, en definitiva, sana el alma y es capaz de abstraerme del mundo aún cuando éste llega a ser en ocasiones hostil. Lo importante es sentir ese subidón indescriptible que hace que quieras experimentarlo muchas veces. Esa pincelada que te deja sin aliento porque te das cuenta que es lo mejor que has hecho en mucho tiempo.

¿Cómo se enfrenta Perceval Graells al lienzo en blanco?

Cojo un color que me apetezca en ese momento y empiezo a tirar pintura. Depende del día con más agresividad o más sosiego pero siempre empiezo sin saber dónde me van a llevar esas pinceladas. Conforme voy avanzando voy mezclando colores, superponiendo manchas y creando una armonía. A veces aparecen en los lienzos trazos que se repiten en otras de mis obras. Busco la asimetría.

“No tengo miedo de hacer cambios destruir la imagen etc… porque la pintura tiene su propia vida”. Esto lo dijo Jackson Pollock, ¿es cierto que la propia pintura te va guiando?

Sí, muchas veces empiezo con una idea y ésta va cambiando porque la pintura va moldeando lo que hago. Otras veces sin ninguna idea de lo que voy a hacer es la propia pintura que va creando un universo. Mi cuerpo traslada al lienzo lo que la pintura en sí me va sugiriendo.

El feminismo ha conseguido a lo largo de la historia grandes avances para las mujeres, pero es una labor que, por desgracia, no ha terminado. Como mujer en el mundo del arte, ¿has notado desventajas o prejuicios?

Sí, por supuesto. Muchas veces he pensado que si hubiera sido hombre lo hubiera tenido más fácil. La mujer tiene que demostrar que vale con mayor esfuerzo que lo hacen los hombres. Me han llegado a decir que mi pintura es buena porque pinto como un hombre.

Y hablando de mujeres has sido mamá hace algo más de dos años. Has introducido en tu pintura el acto de coser y de coser con hilo rojo, ¿has notado cambios en tu pintura tras ser madre?.La acción de coser, ¿fue consciente o inconsciente?, ¿tiene alguna simbología el color del hilo?

Sí que lo he notado. Mi hija nació en medio de un traslado de país, con unos sueños rotos, un embarazo horrible, un posparto que me tuvo cuatro meses sin poder casi moverme y entró en la UCI un día después de que lo hiciera mi tía. Aquel mes de enero lo recuerdo como el peor de mi vida. En el entierro de mi tía mi hija seguía en la UCI y yo no tenía fuerzas para nada. Me puse a coser en papel y poco a poco fue un recurso que utilicé en las obras que vinieron después. Fue algo que salió sin pensar pero un día hablando con alguien me dijo que lo que estaba haciendo era cerrar las heridas cosiéndolas. Desde aquella época el hilo rojo ha estado presente en muchos de mis lienzos y papeles. El dolor sigue curándose.

¿Un color?

Azul Índigo

¿Un olor?

El del mar

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“Un mar en medio”

¿Un sabor?

 Chocolate

¿Un sonido?

El de las olas del mar

¿Un lugar?

La calita del Cabo de La Huerta

¿Un libro?

“Anna Karenina”, de León Tolstoi

¿Un viaje visualmente impactante?

 Marruecos

¿Una mujer?

Mi madre

¿Un sueño cumplido?

Tener un espacio donde poder seguir soñando despierta y que en ese sueño esté mi familia.

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El taller

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El taller

¿Un sueño por cumplir?

Poder exponer mis obras en algún lugar donde las pueda ver mucha gente y que se emocionen con ellas.

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Y por último, ¿qué es lo siguiente que veremos de Perceval Graells?

Creo que vendrán cosas muy interesantes. Además de la pintura siempre me ha gustado mucho hacer manualidades y crear cualquier cosa con las manos, así que no descarto hacer alguna instalación que me ronda por la cabeza desde hace algún tiempo y que tiene que ver con la lana que ha ido apareciendo poco a poco en mis lienzos. Será algo que después de mi residencia artística en la antigua fábrica de hilo de Leipzig en los próximos meses podría tomar más importancia.

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Un millón de gracias, María

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